¿Y si compartir fuese una moda en nuestras ciudades?

Ya sabéis que en SOStenicityLAB nos obsesiona conseguir que nuestras ciudades sean más sostenibles cambiando la forma en la que se comportan sus ciudadanos. Hoy queríamos hablar de algo imprescindible para conseguirlo y es nuestro modelo de consumo.

Supongo que pocos tendrán dudas sobre la insostenibilidad de nuestro actual sistema de consumo, pronto llegará julio y como cada año las esperadas rebajas, nuestras pantallas de televisión se llenarán de anuncios de grandes marcas y cadenas de distribución, que de la mano de una rubia voluptuosa te invitarán a que aproveches esta ocasión sin igual, estos precios de locura y te lances a comprar, hagas largas colas en las cajas de sus tiendas y adquieras sus productos baratísimos.

Este ritual que se repite casi a diario cuenta con la insistencia de las grandes marcas comerciales que al fin y al cabo lo único que buscan es ganar más dinero, del todo lícito para una empresa, pero que además cuentan con la complicidad de los gestores políticos de nuestras ciudades que nos animan a consumir para reactivar nuestro crecimiento económico y es que parece que la única alternativa a la salida de esta crisis es recuperar nuestro modelo de consumo anterior… ¿acaso no fue este modelo el que nos sumergió en la actual crisis socioeconómica? ¿Acaso es lógico salir de un problema usando la misma forma en la que hemos entrado en él? ¿Consumiendo más?

Afortunadamente, la crisis también ha conseguido que estén aflorando otros modelos alternativos, más eficientes y por supuesto más sostenibles para nuestras ciudades. Seguro que habréis oído en multitud de ocasiones palabras como “consumo colaborativo”, “economía azul”, “compartir”… ¿acaso creéis que es casualidad que la mayoría de iniciativas de economía compartida se estén produciendo a partir de 2008?

Evidentemente los escenarios sociales y económicos en nuestras ciudades han cambiado, los recursos escasean y posiblemente este sea el desencadenante de que muchos ciudadanos nos sumemos a la moda de compartir recursos, compartimos nuestros coches, nuestras casas, nuestro tiempo,… y todo esto simplemente con el sano objetivo de vivir mejor con menos.

Ya sabéis que nuestra herramienta de partida en SOStenicity LAB es la Psicología Ambiental, por tanto una de nuestras preocupaciones es cuál es el efecto que esta nueva alternativa a los modelos actuales de consumo está generando en nuestra sociedad. ¿Cómo nos afecta esta tendencia actual a compartir en nuestras ciudades?

Diversos estudios en psicología social avalan la tesis de que una sociedad que comparte en vez de competir se convierte en una sociedad más cohesionada y que los individuos que suelen compartir sus posesiones se muestran más confiados en las relaciones con sus vecinos. ¿No es acaso conseguir ciudades más cohesionadas socialmente una de las prioridades de nuestros gobiernos? Pues parece que ahí está una de las claves para lograrlo: Compartir espacios públicos, recursos, iniciativas,…

Un aspecto importante que está favoreciendo este modelo alternativo de consumo es el uso de las nuevas tecnologías. Hoy día una gran mayoría de la población tiene smartphones y conexión a internet y esta conectividad facilita la colaboración entre personas y da más oportunidades a una ciudadanía emergente a la hora de gestionar espacios, compartir bienes y autoorganizar estructuras. Afortunadamente internet nos está ayudando a compartir e incluso a generar ciudades más humanas. Un ejemplo de este tipo de iniciativas puede ser “Social Street” en Italia donde a través de plataformas digitales y redes sociales se pone en contacto a vecinos de la misma calle, barrio o ciudad.

Pero “compartir” no solo está empezando a transformar nuestras calles y ciudades, sino que además está generando nuevos modelos de negocio. Y es que empresas como BlaBlacar han surgido en nuestro mercado empresarial para aprovechar esta moda del “sharing” creando una comunidad para compartir coche que conecta conductores con asientos disponibles y personas buscando un viaje. Ya tiene más de 3 millones de usuarios en 10 países de Europa, cambiando el concepto de viaje particular por carretera haciéndolo más barato y sostenible, tan sólo desde su lanzamiento ha conseguido dejar de emitir más de 500.000 toneladas de CO2.

Además es necesario desmontar ese mito existente de que compartir no es rentable económicamente para nuestras empresas, según un informe de 2013 de la revista Forbes, el consumo colaborativo mueve 3.200 millones de dólares en todo el mundo, y creció un 25% tan solo en el último año.

Cada día se están generando nuevos modelos de negocio basados en la filosofía del “compartir” y afortunadamente hoy en día comienza a ser más importante acceder a un servicio que tener un objeto.

Ya sabéis que nuestra área de actuación son las ciudades y en este ámbito nos surgen varias inquietudes …

¿Por qué no aplicar esta nueva tendencia a otros ámbitos de la vida urbana como pueden ser la movilidad, la gestión de nuestros residuos, el consumo energético, el desarrollo local o el comercio?

¿Están nuestras ciudades preparadas para este cambio de paradigma? ¿Por qué se empiezan a quejar diferentes sectores de nuestra sociedad como el gremio de los taxistas o las empresas de transporte público?

¿Nuestro sistema jurídico está adaptado a la aparición de estas nuevas formas de hacer ciudad o sería necesario reformular nuestras leyes para que den más importancia al uso de los servicios que a la propiedad?

De la misma manera que aplicamos la filosofía del “sharing” a personas, grupos y empresas también sería viable hacerlo a ciudades enteras y es lo que está haciendo por ejemplo la ciudad de Seúl. Esta megaciudad de Corea del Sur ha apostado fuertemente por el uso de la economía del intercambio para luchar contra sus problemas de contaminación, transporte, uso de los recursos, gestión de los residuos o incluso las desigualdades sociales. Se ha convertido en una Sharing City apoyando el funcionamiento de empresas que se dediquen a compartir, cambiando leyes que lo estén impidiendo y generando iniciativas de intercambio entre sus ciudadanos.

Tras este análisis a las bondades del modelo colaborativo tan solo nos queda añadir una de las frases que todos los niños hemos escuchado alguna vez en nuestra infancia de labios de nuestra madre: “Niño, hay que compartir”.

Y los estudios en psicología no pueden más que avalar la tesis de nuestras madres, las personas que comparten suelen tener un carácter más positivo y social, se favorecen otros comportamientos responsables con el entorno y ambientalmente sostenibles; además, las comunidades que comparten se vuelven más activas y cohesionadas socialmente.

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