¿Puede el cine ayudar a cambiar comportamientos en torno a la sostenibilidad?

Antes de entrar en materia merece la pena ver este vídeo de apenas dos minutos.

No se trata de una película en sí, pero seguro que los participantes en esta acción se acordarán durante meses de la película que vieron esa tarde y en más de un caso, sus hábitos de conducción han cambiado.

Y por eso nos planteamos, ¿puede usarse el cine para cambiar comportamientos en pro de la sostenibilidad? ¿Puede ser el cine una herramienta más dentro de nuestro LAB para lograr ciudadanos más sostenibles?

Ejemplos hay, sin ir más lejos el impacto que consiguió la famosa Una Verdad Incómoda en torno al fenómeno del cambio climático y la repercusión que tiene. Pero una cosa es informar, si cabe hasta sensibilizar … y otra muy diferente lograr cambiar comportamientos.

No se trata tanto de que el cine moldee nuestro comportamiento, algo que seguro que de una forma intencionada hace la gran industria cinematográfica para generar actitudes de tipo político o social, nuevo hábitos de consumo u otras opiniones.

Así que usémoslo por el lado bueno, se trata de usar ciertas películas como herramientas para fomentar cambios de comportamiento, mostrando como habituales y socialmente aceptados comportamientos que, por diferentes, aún no lo son en nuestro entorno, siempre vinculados a la sostenibilidad y sobre todo, de que sea una herramienta bajo control, donde se conozca el efecto de cada acción puesta en marcha.

Tal y como puede leerse en este artículo sobre la influencia del cine en los jóvenes, ya hay ejemplos de ámbitos donde se ha tratado, al parecer con éxito al menos de impacto dentro de la industria, de crear películas que logren trasladar determinados valores, no en vano, existe un ranking de películas más inspiradoras.

Y en la línea del video con el que abríamos el post, el colectivo almeriense Doble Fila, que quiere fomentar modelos de movilidad urbana más sostenibles, ha programado dos ediciones de un ciclo de cine de movilidad, la segunda de ellas hace apenas dos semanas. No tratan tanto de mostrar cortos centrados en diferentes modelos de movilidad, sino ilustrar como la movilidad urbana es algo cotidiano y que se mezcla en diferentes escenarios de nuestra vida diaria, por tanto, para nada ajena a nosotros. Dejando eso claro, fomentar un modelo de movilidad urbana más sostenible, no supone sino incorporar esta premisa a nuestro comportamiento diario.

Algo parecido, pero con una temática más amplia en torno a sostenibilidad hace Rizoma, que además practica eso de contagiar desde el ejemplo y pone en marcha su propio comportamiento sostenible como festival, una forma de evidenciar que su compromiso va más allá del mensaje.

Sin embargo queda por comprobar el efecto de estas acciones sobre comportamientos concretos. Ya sea fruto de una determinada producción cinematográfica o de una selección de títulos con una temática o un mensaje concreto, seguro que el impacto en el comportamiento es apreciable, aunque por el momento, no encontramos datos que lo concreten.

Pero en SOStenicity, eso es una oportunidad, de ahí que hayamos empezado a ver cómo usar diferentes expresiones artísticas para cambiar comportamientos en favor de la sostenibilidad urbana y a la vez, generar entornos más habitables para la ciudadanía.

@sostenicity

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